Me gusta de vez en cuando tener regresiones, volver a ese lugar feliz en donde todo (absolutamente todo) está bien. Sin embargo los problemas y las presiones cotidianas a veces hacen que sea muy difícil reencontrarme con esa sensación de total bienestar. Creo que a todos se nos hace difícil. Nuestro niño interior a veces queda escondido bajo una montaña de cosas urgentes y necesarias: facturas de gas, turnos en el dentista y horarios del tren.
Pero cuando pensamos que todo está perdido, que ya crecimos y olvidamos de una vez lo que es ser niños, entonces de repente el camino a ese mundo tan privado se nos manifiesta repentinamente adquiriendo muchas formas y colores. Algunas personas atesoran pequeños recuerdos, fotos o el vídeo de la comunión. Otras confunden al cerebro de adulto con narcóticos que los llevan a pensar como niños y ver al mundo teñirse en miles de colores. ¿Yo? Yo todavía no conozco la puerta para llegar a ese lugar, pero si tengo esta ventana:
Podrán pasar mas de mil años desde la primera vez que me lo leyeron antes de irme a dormir, pero no puedo evitar sonreir cada vez que leo "espero que no se espante porque soy un elefante". Espero que todos los que alguna vez lo compartieron conmigo sepan siempre que los amo.

=)
ResponderEliminar¡¡¡Post tierno!!!!!
Una idola María Elena. Que bueno poder hacer contacto con cosas tan lindas de la infancia, hace muy bien tomarse un ratito y desandar pasos hasta llegar a aquellos momentos felices.